lunes, 9 de julio de 2012

Novilleros


Viriato, el novillero corneado ayer en Las Ventas ha hablado. “Lo que más me duele es no haber triunfado”; “quiero volver a torear”. Esto es exactamente lo mismo que dicen todos siempre.

Supongo que piensan que eso es lo que queremos oír.

Foto: http://www.puertagrande.net/noticias2011.html

martes, 3 de julio de 2012

Palabras



Así que cuando Cora Tull me decía que yo no era una auténtica madre pensaba en cómo las palabras suben derechas en una fina línea rápida e inofensiva, y de qué modo terrible los hechos se quedan a ras de suelo, pegados a él de modo que al cabo de un rato las dos líneas estás tan separadas que una persona no las puede pisar a la vez; y que pecado y amor y miedo sólo son sonidos que las personas que nunca pecaron ni amaron ni tuvieron miedo usan para eso que nunca sintieron y no pueden sentir hasta que se olviden de las palabras. Como Cora que ni siquiera sabía cocinar.

Addie, "Mientras agonizo", Faulkner.

PD: ¿Me habéis echado de menos?

sábado, 2 de junio de 2012

Pequeños grandes éxitos

Ayer participé en un concurso de relatos cortísimos entre amigos. Fui invitada por una amiga y enseguida supe que el relato era una excusa para participar de lo que viene siendo una cena seguida de lo que algunos llaman "unas copas" y otros "un botellón".

Fui tan bien recibida por este grupo de desconocidos que ¡me hicieron ganadora! El relato debía guardar relación con "el límite". Aquí os lo dejo.


ME LLAMO ANA

El río Zambeze nace en Zambia, discurre por Congo, Angola, Zambia, Namibia, Zimbabue y Mozambique, y va a desembocar en el océano índico.

Me llamo Ana y y el río Zambeze tiene una longitud total de dosmil quinientos setenta y cuatro kilómetros.

Me llamo Ana y esta es la historia de un salto.

Existe un puente en el río Zambeze donde uno no está en ningún sitio. Unos metros más atrás, al borde del acantilado, uno se encontraba en Zambia. Zambia, capital: Lusaka; Zambia, un país sin mar. Esto es lo que yo sabía de Zambia cuando mis compañeros de viaje me lo señalaron en el mapa. Unos metros después, apenas veinte, uno se encuentra en Zimbabue. Zimbabue, capital: Harare, tampoco tiene mar.

Podría decirse que el puente es tierra de nadie si no fuera porque, aunque no es de nadie, tampoco es tierra. Apenas cuatro maderas mal puestas sostienen una estructura ligera. Es aquí, encima de las maderas, doscientos metros por encima de la nada misma, donde todo ocurrió.

Cuando salté y oí el crujido de la cuerda al romperse no pensé que estuviera condenada a la muerte, sino al olvido. ¿A dónde se podía caer desde la tierra de nadie si no es a la nada misma?

En los doscientos metros que me separaban de las frías aguas del río Zambeze me desnudé de todo. En el instante en que oí el crujido perdí la esperanza. Luego sentí cómo perdía la amistad, pues las cuerdas de mis amigos habían mantenido su integridad en toda su longitud y la mía no. Desde el vacío de la nada sobre la que me abalanzaba sus gritos de pavor parecían apenas susurros.

Para cuando llegué abajo me había desposeído también de la carne y no pude sentir el golpe. Los cocodrilos me respetaron porque cuando llegué a su gélido territorio era ya solamente un nombre.

El nombre. Esa cosa tan banal, elegida por puro azar, que apenas significa nada, es lo único que me queda. La cuerda no fue suficiente para sostener mi peso. Me sigo llamando Ana. Uno, por lo general, siempre se llama igual. Y yo me llamo Ana.

miércoles, 23 de mayo de 2012

(Algunos) del siete (y Perera)


Los del siete no van a ver un espectáculo, a intentar disfrutar. Van a reivindicar su posición dominante en el escalafón del aficionado. Cuando hablan de Perera hablan, en realidad, de sí mismos. Les preocupa atenerse estrictamente a la ortodoxia, a la verdad. Exigen que todos los demás nos atengamos a ella por encima de todo y luchan con uñas y dientes para que se sepa, se oiga, se reivindique. Miden su concepto de sí mismos por si se atienen, o no, a esta ortodoxia.

Otorgan a esta defensa de su concepto la misma importancia que el común de los mortales otorgamos, por ejemplo, a la seguridad de nuestros hijos. 

Señores, por dios, relájense, que el toreo no es para tanto. Si mi madre supiera de toros le llamaría a esto "misplaced seriousness".

PD: Saliendo del tendido bajo siete, donde me encontraba, escuché a un aficionado que comentaba "es que Perera ha hablado más de la cuenta" refiriéndose a ciertas declaraciones del diestro en las que arremetía contra el siete, como si ello justificara los abucheos en el momento en que se preparaba para entrar a matar.

PD2: Ayer no me atreví a mandar cierto mensaje a cierta persona, así que aprovecho que estoy parapetada detrás de la pantalla. Al aficionado con boina y gafas de sol que fumaba puros y se encontraba sentado entre dos jovencitas en aproximadamente el asiento 16 de la fila 10 del tendido bajo siete: es usted gilipollas. 


Y perdón por el post borde, queda prometido que el próximo será optimista, porque luego mi amiga Natalia me dice que solo le digo cosas malas, y yo no quiero ser pesimista, como los del siete, sino optimista, como los del cuatro.

EDITO: Mi amiga Elena, (con quien compartí la tarde de ayer) me pide que añada que el señor al que me refiero en la segunda postdata pronunció al final de la faena al quinto la siguiente frase: "es normal, tanto salir por las noches este golfo"

Foto: Estocada de Perera. Juan Pelegrín para www.las-ventas.com